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El día 10 de Diciembre es el Día Internacional de los Derechos Humanos, en el que también se conmemora el Día de los Derechos de los Animales, por ese motivo y en vísperas de las fiestas navideñas, donde millones de animales serán sacrificados para ser servidos como menú navideño, se hace necesario recordar que tanto los Apóstoles como Jesús de Nazaret fueron vegetarianos, un dato ocultado por las iglesias institucionales, pero que sin embargo ha sido desvelado en los Evangelios Apócrifos descubiertos recientemente.

Esta ocultación, nada casual, ha propiciado que en los últimos 2000 años, muchos hombres pasaran y sigan pasando por encima de personas y animales, sobre todo si esto no les afecta personalmente. Lo que en determinados casos les arroga el derecho a matar a personas y por supuesto a animales. ¿Pero quién tiene el derecho a quitarle conscientemente la vida al prójimo, así como también al animal? ¿Quién ha creado el alma del hombre, que es inmortal? ¿Quién le ha dado la respiración y la vida? No ha sido el hombre, sino el Espíritu creador del infinito. Dios no le quita la vida ni al hombre ni al animal, pues Él es el donante que nunca obliga a nada; Él jamás hace uso de la violencia; tampoco influye en nadie contra su voluntad. Él es la libertad y otorga la libertad. Solamente el hombre, quien no le ha dado la vida ni al alma del hombre ni a la del animal, mata la casa del alma, el cuerpo y mata al animal. ¿Quién le ha dado al hombre permiso para hacer esto? ¡Jesús no habló nada de ello!

Actualmente para justificar el asesinato se diferencia entre “matar” y “asesinar”. Sin embargo, según la Ley universal, que es la fuerza que nos une a toda vida dice: lo que el hombre haga a otros, se lo está haciendo a sí mismo. Y uno mismo qué prefiere, ¿ser matado o asesinado? Posiblemente usted dirá, «me da igual, al final me han quitado la vida». Lo mismo vale para animales que son mantenidos en jaulas para ser matados. Además Dios previó a la naturaleza como el espacio donde los animales deben vivir, donde ellos, según su especie, se puedan mover libremente, tal y como las formas espirituales de animales lo hacen en el SER eterno. Él no creó jaulas para Sus criaturas. Solamente los hombres se arrogan el derecho a encerrar a los animales y hacerles que vivan vegetando en un espacio reducido.

Quien haya aprendido a sentir cómo les va a los otros, nota que los animales también sienten de forma parecida a nosotros, los hombres. Ellos sienten alegría, dolor y sufrimiento. Una antigua y sabia frase de los indios nos podría ayudar a aprender a entender a los animales. Dice así: Nunca juzgues a un hombre antes de haber caminado durante al menos media luna con sus mocasines. Aplicado a los animales se podría decir: Antes de mantener aprisionados a animales, abuses de ellos para tu interés y los tortures, o sea les impongas condiciones que limiten o que no correspondan a su naturaleza, pruébalo primero contigo mismo. Oblígate a ir a la rueda giratoria en la que sin cesar es obligado a andar el hamster y sentirás por lo que tiene que pasar el pequeño prójimo animal. Quien desee alcanzar de otro modo la visión viva del destino que sufren los animales, podría situarse en el lugar de la vaca que es cebada o de la gallina en la jaula de una granja avícola, o en el de un bebé foca que se encuentra tranquilamente en la orilla tomando el sol y al que se le acercan hombres con garrotes en la mano, que quieren arrancarle la piel. Quizás también se imagina usted qué es lo que siente la madre foca cuando vuelve de coger pescados y en lugar de su bebé encuentra una masa de carne cruda ...

Si las personas deseamos que se respeten nuestros derechos humanos, ¿no deberíamos empezar a respetar los derechos de los más inocentes y desprotegidos?

Vida Universal
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