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Experimentos con animales:

Experimentos con animales significan dolor

Experimentos no evitan enfermedades

Experimentos con animales no son transferibles

Experimentos esconden peligros inimaginables

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Los experimentos con animales significan dolor y sufrimiento inimaginables.
¡Por favor, por favor, tened compasión!
¡Dejadnos vivir!

En Europa todavía se torturan al año alrededor de 11 millones de animales para llevar a cabo experimentos. En cuatro años el número de experimentos con animales ha ascendido un 12 por ciento en Europa. Según las estadísticas oficiales, solamente en Alemania se cuentan al año más de 2,4 millones de experimentos con animales. Según estos datos, en el 2005 se torturó y mató a 1,4 millones de ratones, 570.000 ratas, 4.892 perros, 1.023 gatos, 2.105 monos, 105.293 conejos, 40.297 cobayas, 8.581 hámsteres, 14.004 cerdos, 3.652 ovejas, 101.551 peces y muchas otras criaturas de otras especies animales.

Un gato de laboratorio clama

«De noche sueño con la fría jaula de acero y con los torturados gemidos de mis compañeros de prisión. No conozco otra cosa. Me despierto por la mañana y es lo mismo que en el sueño: una fría jaula de acero, gemidos llenos de dolor y de miedo de mis compañeros de prisión. No conozco otra cosa. ¿Vendrán hoy otra vez a inyectarme veneno? ¿O irán donde mi vecino? Ayer sacaron a un gato de la jaula contigua y le taladraron agujeros en la cabeza. Después le inyectaron un ácido en el cerebro. Esto aún no me lo han hecho a mí. A mí ya me dieron veneno varias veces, con lo cual enfermé. Mis articulaciones están inflamadas y me duelen. Mi vientre está lleno de agua. No sé cómo se llama el veneno que me dan, pero sé que me está matando lentamente.»

Una oveja de laboratorio clama

«Yo nunca le hice daño a ningún animal. Yo vivía en un gran rebaño. Veníais una y otra vez y os llevábais a algunas de nosotras. No volvieron nunca más. Un día me tomaron también a mí. Allí donde me llevaron no había ninguna pradera en la que pudiera correr. Sólo había un establo en el sótano de una casa grande en el que me encerraron. Ayer vinieron a sacarme del establo. Al principio no sabía lo que pasaba ni lo que se proponían conmigo, pero enseguida comenzaron a torturarme. Me rompieron un lado de mis pulmones y me sacaron tanta sangre que mi corazón estuvo a punto de dejar de latir y me quedé inconsciente. Después me taladraron una barra de metal en mi pata. La barra aún la tengo dentro. Tengo dolores y mucho miedo porque no sé qué tienen pensado hacer conmigo.»

Un mono de laboratorio clama

«Yo nací libre. Mi hogar era la selva virgen. Allí vivía con mi clan. Tenía todo lo que necesitaba para una vida feliz: un hogar, alimento, seguridad, la luz del sol, el verde de la selva, hermanos y hermanas y mi libertad. Un día llegásteis a mi mundo. Matásteis a mis padres y nos llevásteis presos a mis hermanos y a mí. Algunos pudieron huir. Después nos encerrásteis en una jaula pequeña y estrecha, aislados. Nos llevásteis a vuestro país, a una cárcel-laboratorio. Desde entonces no he vuelto a ver el sol.
Mi jaula es pequeña, estrecha y fría, sin tierra, sin sol, sin viento ni lluvia y sin ningún hermano o hermana. Estoy solo, lleno de miedo y sin esperanza. Cada día me sacan de la jaula, me introducen violentamente un tubo hasta la tripa y me dan algún tipo de medicamento. Luego me pinchan en los brazos y me sacan sangre. Eso hace daño. Si trato de escapar, tiran de mis brazos y piernas aún con más fuerza. Me pegan y me gritan.
¿Cómo acabará esto? Una vez vi un gran contenedor de metal donde habían tirado muerto a uno de mis compañeros de prisión. ¿Me va a pasar a mí lo mismo? ¿Cuánto tendré que sufrir hasta entonces?»

Un ratón de laboratorio clama

«Vosotros manipulásteis mis genes ya antes de que yo naciera, para que viniera al mundo enfermo de cáncer. No me dísteis ninguna opción de ser un animal sano. Ahora el cáncer crece cada vez más en mi cuerpo. Esto me causa dolores por la noche cuando duermo. Por la mañana me vuelvo a despertar con dolores que permanecen durante todo el día hasta la noche, cuando me vuelvo a dormir. Parece que no os dais cuenta en absoluto. Yo tengo también mi propio lenguaje con el que me puedo comunicar. Es tan fino, que la mayoría de las veces no lo podéis oír con vuestros oídos. También puedo comunicarme mediante el lenguaje corporal, dejando caer mis orejas o poniéndolas de punta, o estirando mi cabeza o bajándola. Expreso mis sentimientos a través de mi postura corporal. ¿No os dais cuenta?
Gracias a mi fino olfato puedo olerlo todo con gran precisión y con mis finos pelos táctiles puedo percibir mi entorno y orientarme perfectamente en la oscuridad. Mis pelos táctiles reaccionan con mucha sensibilidad a cada roce, pero a vosotros os da igual, no tenéis ninguna consideración. Cada vez que me agarráis y me levantáis paso un miedo terrible, pues no sé qué os proponéis hacer conmigo. Mi corazón late a tanta velocidad que a veces creo que se va a salir del pecho. Mis músculos tiemblan ante la agitación que recorre todo mi cuerpo. Este miedo mortal dura horas aún después de que me hayáis vuelto a dejar en la jaula.
¿Qué más tengo que hacer? ¿Hasta cuándo? Yo no tengo ninguna culpa de que enferméis ni puedo hacer nada para que sanéis.»